Marcos Lavado: el comienzo de una nueva era


Muchas cosas cambian en 33 años. Los padres de Marcos Lavado eran novios el 4 de agosto de 1984, cuando Rafael Vidal protagonizó la que por mucho tiempo fue la final olímpica más cerrada de la historia de la natación, y su registro de 1:57.51 le sirvió para ganar una medalla de bronce, a 47 centésimas del campeón, el australiano Jon Sieben. A la muerte de Vidal en 2005, ese registro aún se mantenía entre los 15 más rápidos en la historia de los 200 m mariposa. Lavado tenía 13 años entonces, y ya incluía a Vidal en el acervo de sus héroes de las piletas.

El pasado 19 de mayo, cuando Lavado quebró, luego de 33 años de vigencia, el mítico récord de Vidal, ese 1:56.98 que imponía para clasificar a la final del Invitacional Internacional de Barbados, apenas le servía para apartar su boleto al Mundial de Budapest. A ese ritmo ha evolucionado la natación en estos años. El récord mundial, hoy en día en poder de Michael Phelps, está más de cinco segundos por debajo de la recién  impuesta plusmarca. Esos son los baches que un hombre como Marcos Lavado se compromete a saldar en este impresionante relanzamiento de su carrera. En Río 2016, cronos similares al suyo dieron para avanzar a la final, y ese dato puede ser un buen punto de partida para trazar su bitácora de viaje hacia Tokio 2020.

Lavado estuvo presente en Londres 2012, pero luego no consiguió hacer la marca mínima a Río 2016, un revés que hubiera descalabrado a cualquiera. Ya para entonces había perdido el amparo del sistema universitario de Puerto Rico, del que se graduó en 2015, y debía abrirse camino solo, sin el aval de una presencia olímpica. “Son cosas que pasan”, simplifica. “Me afectó, pero no me impidió seguir con la natación”.

Finalmente, el cambio de aires le prestó, en gran medida gracias al aporte de entrenadores venezolanos como Marcos Bellardi o el mítico Ricardo Monasterio, quien lo asiste desde hace un par de semanas, aunque la responsabilidad principal de la carrera de Lavado sigue en manos del italiano Gianluca Alberani. “Ellos siempre han creído en mí, pero también la disciplina, la entrega, el compromiso, han sido parte importante”.

Como muchos atletas en los tiempos de vacas flacas que vive el deporte venezolano, Lavado ha tenido que apostar a la autogestión y al apoyo de su club en Florida para enfilar su carrera hacia el récord de Vidal, que vivió dos paradas previas: en enero, en Atlanta, donde amenazó con un 1:57.94, y luego a principios de mayo, cuando estuvo a tres centésimas de la hazaña (1:57.54). A  Barbados, donde logró quebrar la marca, llegó gracias a la solidaridad de un entrenador cubano, Antonio Pedrolanda, que lo alojó en su casa.

“No había venezolanos, pero sí mucha gente apoyándome”, recuerda el larense, que se inició en las piscinas a los cinco años, junto a sus hermanas mayores Corymar y Corina, que al igual que él llegaron a formar parte de la selección nacional. “En el agua me sentía súper bien, confiaba en que iba a buen ritmo, pero igual fue una sorpresa ver el tiempo en la pizarra. No lo podía creer, estaba súper contento. Vino en el momento perfecto, porque yo estaba pendiente de hacer la marca A para Budapest, lo cual implicaba también hacer el récord nacional”.

A pesar de las obvias comparaciones, Lavado no se siente heredero de Vidal,  quien reverencia. “Toda Venezuela conoce el significado de la hazaña de Vidal. Ahora para mí el compromiso es más grande, porque rompí su récord, pero eso no borra para nada todo lo que él hizo por la natación. Con todo respeto, yo solo trato de dar lo mejor de mí, pero él nunca perderá su sitial”.

De las piscinas Bolivarianas de Barquisimeto, en las que se concentró gracias a la orientación de sus padres, luego de arrebatarle la atención al baloncesto, el fútbol, el beisbol y cuanto deporte lo invitara a una caimana, aún no tiene idea si logrará llegar a Tokio 2020. “Quiero ir poco a poco, analizando cada competencia, trazándome metas a corto plazo. Para Tokio faltan tres años, es mucho lo que puede pasar en ese tiempo. Por ahora me enfoco en Budapest, en hacer mi plan de entrenamiento para llegar en buena forma al Mundial”.

 Por: Eumar Esaá

Comentarios

comentarios