Grabiel Lugo: El arma secreta del equipo de espada


“Mi nombre es así: Grabiel, no Gabriel”, confirma con voz firme el cuarto hombre del equipo de espada, un joven decidido que dejó atrás una carrera militar para apostar por una vida en las pedanas. “No fue ningún error en el registro, así me puso mi mamá”, afirma el carabobeño, quien acostumbra a dejar muy claras sus convicciones, y no reniega de sus decisiones.

Grabiel Lugo comienza a pisar firme en el escenario mundial de la mano de Ruperto Gascón, el hombre detrás de la medalla de oro de Rubén Limardo. En una de sus primeras apariciones, en la fase por equipos de la Copa del Mundo de Heidenheim en enero pasado, su esgrima fue capaz de exasperar al número dos del planeta, el francés Yannick Borel, que viéndose superado por un veinteañero venezolano totalmente desconocido, apeló a la violencia física para frenar el ritmo de su rival.

“Yo me había enfrentado con él en las Universiadas de Corea, en 2013, y perdí 15-13”, recuerda Lugo, que se inició en la esgrima a los 12 años, en las salas de Fundadeporte en Valencia. “Cuando el profesor Gascón me alineó en el equipo contra Francia yo le dije ‘tranquilo, que ese no me va a j…’, porque había estudiado mucho sus videos y sabía bien las acciones que iba a hacer”.

Desesperado por no poder descifrar a Lugo, Borel se fue contra él en una flecha. “Me pegó a propósito con la cazoleta (la empuñadura de la espada), me tumbó y me rompió la boca. Lo hizo para desconcentrarme. Yo pedí ver el video y a raíz de esa revisión le sacaron tarjeta roja, le quitaron el toque simultáneo que había hecho en esa acción y yo me fui arriba 9-5”.

La pizarra se puso 15-9 a favor de Venezuela frente a los flamantes campeones olímpico. Más adelante, cuando los criollos iban en desventaja de 26-30, fue de nuevo Lugo el que niveló las cosas 30-30 frente a Alexandre Bardenet. A la postre, los dirigidos por Ruperto Gascón terminaron cediendo 45-38, pero Lugo se fue con una convicción que reafirmaba las difíciles decisiones que había tomado para unirse al equipo en Polonia.

“Borel era el número dos del mundo y se desesperó conmigo. Eso me dio confianza. Esa vez le gané también a un japonés fuerte (el medallista de bronce del Campeonato Asiático Kazuyasu Minobe, para entonces número siete del mundo). Allí me di cuenta de que sí se puede”.

Era la señal que necesitaba para pasar la página de un difícil capítulo, su salida de la Academia Militar, cuando ya era alférez y apenas le faltaban siete meses para graduarse. “Me gustaba la vida militar, pero desde que tenía 11 años y vi al equipo de espada en Beijing 2008, yo tenía mi sueño de llegar lejos en la esgrima. En mi tercer año en la Academia gané todas las competencias juveniles de Venezuela. Desde esa época le pregunté a Ruperto si podía ayudarme. Él me advirtió que su trabajo era algo serio, y yo le dije que iba con todos los hierros a echarle pichón. En octubre me di de baja. No estaba dejando botados tres años y medio de carrera militar si no era para tomármelo en serio”.

Grabiel pidió la baja y contaba con el respaldo de todos sus oficiales superiores en el proyecto de marcharse a Polonia para unirse al equipo de espada, pero la decisión de otro espadista, Romer Azuaje, de sumarse también a la disciplina de Gascón, terminó entorpeciendo su salida. “El coronel César Marquina, director de deportes de la Universidad Militar, quien era el entrenador de Romer, se enteró de que yo también me iba con Gascón, no sé ni cómo, y llegó a la Academia a hablar con el comandante del cuerpo, para que tratara de convencerme de que no me fuera. A los pocos días me enteré de que había pedido que me expulsaran, para que no pudiera volver a entrar. Me hicieron un proceso y me echaron por ‘falta de aptitud militar’, aun estando entre los primeros de mi promoción. Fue un mes de muchas trabas, pero finalmente me expulsaron exactamente el mismo día que salía mi vuelo a Polonia”.

Ese oscuro capítulo quedó en el pasado. “Ya no le paro a eso. Sigo estudiando, a distancia, en la Universidad Deportiva del Sur, y me concentro en mi meta. Nunca me arrepiento de lo que hago. Todo valió la pena. Sigo entrenando para mejorar, porque el nivel de la esgrima afuera es muy fuerte. En Polonia para ganar un combate tienes que hacer 20 puntos, en vez de 15, descontando los que no te van a dar los árbitros”.

Lugo valora formar parte de una experiencia que añoraba desde que era un niño. “El profesor Gascón sabe de la esgrima mundial. Entreno con gente de mucho nivel. Rubén siempre está corrigiéndonos, ayudándonos. Él explica de una manera que entiendo rápido. Lo admiro muchísimo. Siempre uso sus videos de Londres 2012 (cuando ganó la medalla de oro) para motivarme. Me inspira mucho entrenar con él. Estoy practicando duro, trabajando con sacrificio, para ser campeón olímpico”.

“Lo que más me gusta de ellos es la mística. Hay atletas que están pendientes de salir del país por los viáticos, para comprarse cosas de marca. Ellos han partido desde cero y siempre están ayudando a otros. En algún momento se les devolverá”.

Grabiel ha incorporado su disciplina militar como contribución a la causa del equipo. En un apartamento en el que conviven siete personas, él ha tomado el liderazgo para organizar las tareas de la casa, asignando turnos para cocinar y limpiar. Luego de algunas bromas iniciales por la escritura de su nombre, el grupo ahora se le para firme, aunque con apenas 20 años, es el más joven de todos. Él está dispuesto a poner el extra que sea necesario para aprovechar la oportunidad.

“Somos un equipo unido que se apoya mucho. Por mí no hay problema que tengamos que quedarnos en hoteles baratos o comer pan con jamón. Yo vengo de la Academia Militar, estoy acostumbrado a pasar roncha. Mi objetivo es ir mejorando para comenzar a dar resultados”.

Su mentor, Ruperto Gascón, están convencido de que así será, y juega con Grabiel como el arma secreta del equipo, a veces como cuarto hombre, a veces como tercero, consciente del potencial del único hombre del conjunto que no ha sido formado por él.

Por: Eumar Esaá

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